En octubre de 1480 un joven profesor daba inicio a sus cursos universitarios de Filología Latina en el estudio florentino adoptando como textos básicos para las doctas disquisiciones críticas que sometería durante las lecciones al escrutinio de sus alumnos las obras de dos autores que en el íntimo círculo de los acólitos agregados a la corte literaria de Lorenzo el Magnífico no eran considerados ortodoxos ni excelsos por su posición en la historia de la literatura latina, pues ocupaban una posición sin duda lateral con respecto al sumo Marco Tulio Cicerón. Angelo Poliziano (1454-1494), a quien se le había confiado el prestigioso cargo de maestro, era, pese a su juventud , un noto poeta y erudito: de origen humilde y pobre, enfant prodige por su conocimiento de las lenguas clásicas y sus grandes habilidades filológicas, durante mucho tiempo había disfrutado de la cercanía de las potentes figuras que gobernaban la “nueva Atenas”, es decir, de Lorenzo y Giuliano de’ Medici, y era un personaje de notable profundidad y renombre en el ambiente florentino de la época , tanto cultural como artístico . Prueba de ello es la presencia de su efigie en célebres frescos como L’approvazione della regola francescana da parte di Onorio III (1483), obra pintada por Domenico Ghirlandaio en la Capilla Sassetti en el interior de la basílica de Santa Trinidad , o en Il patriarca Zaccaria nel Tempio (1490), que se puede admirar en la Capilla Tornabuoni de la basílica de Santa Maria Novella , también de Ghirlandaio. Publio Papinio Estacio y el rétor Marco Fabio Quintiliano fueron objeto del atento análisis y de las cultas anotaciones textuales de Poliziano, este centró las lecciones respectivamente en las Sylvae y en la Institutio oratoria . Solo unas décadas antes semejante opción se habría considerado improbable, puesto que el valioso texto de Quintiliano yacía en pésimas condiciones en las oscuras armaria de lejanos monasterios, lacerado y mutilado, a pesar de que su fama había superado los siglos de la Alta Edad Media hasta llegar a manos de desconocidos copistas encerrados en los scriptoria de las poderosas abadías de la época del renacimiento carolingio. Poliziano, como buen filólogo e intelectual de gran cultura, se preparaba a hacer una valiente elección desde el punto de vista didáctico, cuyos interrogantes y posibles críticas no escapaban a su agudeza . En un texto tan importante como la prolusión del curso académico del año 1480, él ponía de manifiesto las malévolas conjeturas que sus detractores alegarían en antítesis del insólito syllabus del que él sin lugar a duda se erigía pionero innovador, argumentando con gran riqueza de extensas explicaciones y convincentes justificaciones la legitimidad de los textos elegidos para las lecciones en el aula . La Oratio super Fabio Quintiliano et Statii Sylvis aparece en el volumen de la Omnia opera publicado en Venecia en 1498: para nosotros es muy interesante la rica y racionalmente estructurada disertación que pretendía iluminar a los estudiantes (¡y no solo!) sobre las concretas motivaciones que habían guiado la elección en aparente contraste con la habitual tradición retórica . Desde el incipit, Poliziano imagina que debe rebatir las objeciones quejumbrosas de quienes estigmatizarían la predilección por Estacio y Quintiliano, alegando que, actuando así, se negaría el debido respeto a la consolidada tradición según la cual las summae auctoritates solo podían ser Cicerón y Virgilio: de hecho, él no se aventura a cuestionar la obvia supremacía del de Arpino sino que construye los cimientos de la estrategia de su defensa sobre explícitas razones didácticas. Según su opinión de humanista y magister, a sus jóvenes e imberbes alumnos les beneficiaría más su familiaridad con los poetas de la edad de plata, más sencillos de leer y comprender, de acuerdo con un evidente criterio gradual que les permitiría adquirir una mayor confianza con la latinitas para después, en un segundo momento, cuando sus competencias estuvieran completamente formadas, pasar a los autores universalmente considerados excelsos. Si bien poseemos muchas referencias relacionadas con el refinado trabajo filológico realizado durante las lecciones florentinas sobre las Sylvae, lamentamos la falta de un comentario similar sobre la Institutio, a pesar de que las frecuentes citas de oportunos fragmentos de la obra nos confirman una constante contigüidad, aunque no sufragada con apuntes, inéditos o manuscritos dejados como legado para comprender el alcance y profundidad de dicho conocimiento.

Angelo Poliziano y el redescubrimiento de Quintiliano en la Florencia de Lorenzo de' Medici

Antonella Cagnolati
2022

Abstract

En octubre de 1480 un joven profesor daba inicio a sus cursos universitarios de Filología Latina en el estudio florentino adoptando como textos básicos para las doctas disquisiciones críticas que sometería durante las lecciones al escrutinio de sus alumnos las obras de dos autores que en el íntimo círculo de los acólitos agregados a la corte literaria de Lorenzo el Magnífico no eran considerados ortodoxos ni excelsos por su posición en la historia de la literatura latina, pues ocupaban una posición sin duda lateral con respecto al sumo Marco Tulio Cicerón. Angelo Poliziano (1454-1494), a quien se le había confiado el prestigioso cargo de maestro, era, pese a su juventud , un noto poeta y erudito: de origen humilde y pobre, enfant prodige por su conocimiento de las lenguas clásicas y sus grandes habilidades filológicas, durante mucho tiempo había disfrutado de la cercanía de las potentes figuras que gobernaban la “nueva Atenas”, es decir, de Lorenzo y Giuliano de’ Medici, y era un personaje de notable profundidad y renombre en el ambiente florentino de la época , tanto cultural como artístico . Prueba de ello es la presencia de su efigie en célebres frescos como L’approvazione della regola francescana da parte di Onorio III (1483), obra pintada por Domenico Ghirlandaio en la Capilla Sassetti en el interior de la basílica de Santa Trinidad , o en Il patriarca Zaccaria nel Tempio (1490), que se puede admirar en la Capilla Tornabuoni de la basílica de Santa Maria Novella , también de Ghirlandaio. Publio Papinio Estacio y el rétor Marco Fabio Quintiliano fueron objeto del atento análisis y de las cultas anotaciones textuales de Poliziano, este centró las lecciones respectivamente en las Sylvae y en la Institutio oratoria . Solo unas décadas antes semejante opción se habría considerado improbable, puesto que el valioso texto de Quintiliano yacía en pésimas condiciones en las oscuras armaria de lejanos monasterios, lacerado y mutilado, a pesar de que su fama había superado los siglos de la Alta Edad Media hasta llegar a manos de desconocidos copistas encerrados en los scriptoria de las poderosas abadías de la época del renacimiento carolingio. Poliziano, como buen filólogo e intelectual de gran cultura, se preparaba a hacer una valiente elección desde el punto de vista didáctico, cuyos interrogantes y posibles críticas no escapaban a su agudeza . En un texto tan importante como la prolusión del curso académico del año 1480, él ponía de manifiesto las malévolas conjeturas que sus detractores alegarían en antítesis del insólito syllabus del que él sin lugar a duda se erigía pionero innovador, argumentando con gran riqueza de extensas explicaciones y convincentes justificaciones la legitimidad de los textos elegidos para las lecciones en el aula . La Oratio super Fabio Quintiliano et Statii Sylvis aparece en el volumen de la Omnia opera publicado en Venecia en 1498: para nosotros es muy interesante la rica y racionalmente estructurada disertación que pretendía iluminar a los estudiantes (¡y no solo!) sobre las concretas motivaciones que habían guiado la elección en aparente contraste con la habitual tradición retórica . Desde el incipit, Poliziano imagina que debe rebatir las objeciones quejumbrosas de quienes estigmatizarían la predilección por Estacio y Quintiliano, alegando que, actuando así, se negaría el debido respeto a la consolidada tradición según la cual las summae auctoritates solo podían ser Cicerón y Virgilio: de hecho, él no se aventura a cuestionar la obvia supremacía del de Arpino sino que construye los cimientos de la estrategia de su defensa sobre explícitas razones didácticas. Según su opinión de humanista y magister, a sus jóvenes e imberbes alumnos les beneficiaría más su familiaridad con los poetas de la edad de plata, más sencillos de leer y comprender, de acuerdo con un evidente criterio gradual que les permitiría adquirir una mayor confianza con la latinitas para después, en un segundo momento, cuando sus competencias estuvieran completamente formadas, pasar a los autores universalmente considerados excelsos. Si bien poseemos muchas referencias relacionadas con el refinado trabajo filológico realizado durante las lecciones florentinas sobre las Sylvae, lamentamos la falta de un comentario similar sobre la Institutio, a pesar de que las frecuentes citas de oportunos fragmentos de la obra nos confirman una constante contigüidad, aunque no sufragada con apuntes, inéditos o manuscritos dejados como legado para comprender el alcance y profundidad de dicho conocimiento.
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Utilizza questo identificativo per citare o creare un link a questo documento: https://hdl.handle.net/11369/420707
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